“He aprendido mi última lección”- dijo mi amigo y dio por terminado su relato. Un buen inicio para unos, un buen final para otros. Una oración con o sin sentido, como la vida misma, esa que nadie consigue definir, pero, aún así, todos lo intentamos. Es ella quién nos atrapa, nos ama y nos cautiva para que nos aferremos con la esperanza de nunca soltarla. Es ella nuestra amante más sincera. Nuestra vida, la única que tenemos , la que un día perderemos. Esa causante de locura, terror, pasión. Es por ella por la que caminamos, nos tropezamos y nos levantamos. Es en ella donde amamos y lloramos y es la que nos enseña la primera y la última lección. Gracias a ella estamos aquí, pero me pregunto: ¿se puede continuar sin su compañía?
Xirahi Martínez Marrero (4ºA) 12-3-2009

